Tuvieron que ser tres
los requisitos de mi incoherencia:
rubia, alta y un poquito de buen humor.
Tuvieron que ser tres
las peticiones de su demencia:
guita, fama y mucho, mucho, mucho glamour.
Tuvieron que ser tres
los dolores de mi cabeza:
tarde, noche y mañana. Te contaré:
“Sil” soñaba con limusinas parisinas
y no tenía yo, ni para la clandestina.
El amor reduce al hombre
a un mono bufonesco y tristón.
Ahora son otros tres
los requisitos de mi inocencia:
bandas, fechas y una viola en el asiento de atrás.
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BUFONESCO Y TRISTÓN:
Inspirado en la obra de Sil (Silvana).
¿Porqué será que casi siempre insistimos donde no hay que insistir?...de todas formas lo grave no es ser un gil… sino empeorar.
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